Los Domingos
Cine

La fe se sienta a la mesa

Tenía mucha curiosidad por ver Los domingos. Una curiosidad muy concreta, casi incómoda: ¿Cómo iba a afrontar la película la llamada? ¿Cómo lograr que tanto creyentes como ateos —y todo el gran espectro que hay entre medias— salieran del cine con la sensación de haber visto algo honesto?

La respuesta me sorprendió porque Los domingos hace algo brillante. Porque no discute el hecho, no entra a validar o cuestionar la existencia de la llamada.
En lugar de eso, observa lo que provoca; cómo ese gran temblor interior en una adolescente de 17 años se convierte en un terremoto silencioso dentro de su familia.

Y hay algo esencial que no quiero pasar por alto: esta película la dirige una mujer. Y se nota. En la delicadeza, en la valentía, en la manera de mirar sin invadir, de acompañar sin juzgar, de comprender sin explicarlo todo. Sólo una directora con esta sensibilidad podría acercarse a un tema tan íntimo sin convertirlo en un panfleto ni en un conflicto artificial. Una mirada humana, compleja, abierta y capaz de escuchar lo que no se dice.

Porque Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa no va de Dios. Va de la gente. De las familias que se reúnen el fin de semana; con sus rutinas, sus contradicciones y sus roces afectuosos. De cómo todo se descoloca cuando alguien dice en voz alta algo que nadie esperaba escuchar.

Y aquí viene otro de los grandes aciertos de la película. Alauda rompe una idea muy instalada, esa expectativa de que la familia es un lugar que lo aguanta todo,
que siempre sabe qué hacer, que siempre está preparada para sostenerte. Y no. A veces, sin mala intención, la familia es precisamente el lugar donde más vulnerable te sientes.

Cada miembro aporta su prisma, su miedo, su juicio, su deseo, su herida propia, y lo hace creyendo que ayuda. Pero lo que vemos aquí es que la protagonista, en plena búsqueda, acaba más sola cuanto más intentan acompañarla.

Una soledad que no es abandono, sino la consecuencia de ese ruido emocional que todos proyectan sobre ella. Ese es el corazón de la película: cómo reaccionan los demás. Cómo los que más te quieren pueden ser también quienes más te descolocan cuando decides escucharte de verdad.

Los Domingos

El casting es extraordinario. Todos aportan una capa distinta del mismo dilema, y eso hace que la película respire verdad. Los domingos demuestra que se puede hablar de fe sin hacer una película sobre fe. Que se puede emocionar a un creyente sin alejar a un ateo. Que la clave no está en lo que se cree, sino en lo que se mueve dentro cuando alguien cercano toma una decisión importante. Y que, al final, lo más interesante no es si la llamada es real, sino cómo la familia decide convivir con ella: con sus torpezas, sus miedos y su incapacidad para ver más allá de sí misma.

Porque cuando la familia se sienta a la mesa ilumina y remueve. Como Los domingos.

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Idoya Barrabés
Mi nombre es Idoya Barrabés, tengo 39 años y a lo largo de mi trayectoria he explorado diversos aspectos de la publicidad y la comunicación audiovisual, comenzando esta etapa cuando todavía no existía Facebook, he ayudado a marcas a crear historias en torno a sus productos para vender más. Cuando el mundo publicitario y audiovisual estaban tan en línea que podían ser uno nació Mil y Una Historias: una productora no convencional donde creamos proyectos audiovisuales con un enfoque publicitario que ayude a impactar en su audiencia.

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